Efecto Paranoia: Algo que viven los venezolanos todos los días en su país


Si eres venezolano no tienes que ver las noticias a cada momento para saber que la inseguridad nos consume de manera terrible, lee este relato verídico escrito por una venezolana que demuestra este “efecto paranoia” que se vive todos los días en ese país.

 

inseguridad

 



Era viernes y había decidido irme de viaje con mi amiga Lucia a un sitio llamado La Victoria (Venezuela). Nos encontramos en su trabajo. Era mediodía y se nos había hecho tarde para salir. Decidimos esperar un taxi, ya que era la manera más rápida de llegar al terminal de autobuses. Pero… ¡¡¡rayos!!!… Olvidé el teléfono en la oficina. Me voy corriendo a buscarlo y regreso con mi amiga. Pasaron varios taxis, unos lejos, otros llenos, otros muy feos hasta que por fin pasó uno que llamó mi atención. Era una camionetica Terios de color verde, lo hicimos parar y aquí empieza el meollo del cuento:

Mi amiga abrió la puerta trasera y lo primero que notamos fue que el letrero de taxi (que debería llevar en el techo) iba en la parte de atrás. El señor se baja, agarra el letrero y lo pone en la parte de adelante cual copiloto. Mi amiga y yo nos miramos. Ella se sube y yo lo hago después. Resulta que mi puerta quedó mal cerrada. Intenté abrirla pero, para mi sorpresa, no podía:

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– Señor la puerta no abre – le dije.

– Ah sí, es que tiene seguro contra niños.

– Bueno ¡Quíteselo!

– Yo no sé quitar eso, la que sabe es la dueña.

Mi amiga y yo nos volvimos a mirar. Tengo que confesar que en ese momento mi corazón empezó a latir con muchísima fuerza, las manos me temblaron y, en mi imaginación, fui la protagonista de muchas historias de secuestros que no terminan con un final feliz; así que pensé que lo mejor era salir de ahí.

Quise bajar la ventana para abrir la puerta por fuera y, para mi “sorpresa”, la ventana no bajaba. El descontrol llegó a mi mente y al resto de mi cuerpo. Mi amiga y yo nos volvimos a mirar y su expresión fue de miedo.

– Mire, mire, ya no vamos a ninguna parte. Ábrame la puerta

– ¿Ya no van? Pensaron que me las iba a llevar

– Abre la puerta Lucia, bájate.

Mi amiga abrió su puerta y nos bajamos. En ese instante escuché al tipo decir:

– Tengan cuidado, no vaya a ser que en el próximo taxi las secuestren.

El taxista se fue y pudimos tomarnos un momento para calmarnos. Lucia no dijo nada al respecto, ahora que estoy escribiendo esto no recuerdo si dije algo. Sólo sé que al momento pasó otro taxi y nos fuimos en él hasta el terminal.

Quizá no iba a pasarnos nada, quizá el señor decía la verdad cuando dijo que no sabía cómo quitar el seguro de niños, pero la paranoia que se vive en este país no da tiempo para dudar de si los hechos están en contra de una persona honesta o no.

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